Controlar máquinas con el pensamiento: ¿realidad o ciencia ficción?

El acto de leer

The Brain Electric: The Dramatic High-Tech Race to Merge Minds and Machines es un libro de Malcolm Gay editado por Farrar, Straus and Giroux (2016). En este texto, el ensayista y periodista narra los sorprendentes avances científicos que muchos expertos desarrollan actualmente en uno de los campos más ambiciosos de la neurología.El estudio de los impulsos cerebrales que controlan los movimientos de nuestras extremidades puede conducir a una revolución tecnológica sin precedentes, la  posibilidad de construir prótesis robóticas, computadoras, o sistemas de comunicación controlados mediante el pensamiento. Sofisticados aparatos que, entre otras cosas, podrían restablecer parcialmente la libertad motora de un paciente parapléjico; rescatar a un soldado herido en combate con una extremidad robotizada, o permitir que cualquier individuo pudiese operar objetos y sistemas informáticos utilizando su mente.

Las repercusiones sociales que la utilización de estos sistemas, llamados interfaces cerebrales computarizadas, podrían ocasionar, serían revolucionarias, pero la naturaleza positiva o negativa de esos cambios dependería del modo en que fuesen utilizadas.

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El autor registra el desarrollo de este cambio tecnológico describiendo todo tipo de experiencias en quirófanos, laboratorios de investigación y pequeñas empresas;  mediante numerosas entrevistas con los investigadores más importantes en robótica,  neurología e inteligencia artificial. En ese nuevo mundo, convergen por vez primera la medicina, el avance científico, la búsqueda del lucro y la guerra; pero no sólo interviene la tecnología. En el corazón de los centros de investigación se encuentran valerosos pacientes que ingresan a los quirófanos como voluntarios, esperandoque algún descubrimiento les permita reconstruir sus vidas.The Brain Electric nos invita a reconsiderar la relación entre la mente, el cuerpo y la consciencia de los individuos, desafiando las nociones tradicionales que definen la naturaleza humana.

Gay plantea que las interfaces cerebrales computarizadas, o brain computer interfaces (BCI’s), son tan antiguas en su propósito original como la existencia de los primeros seres humanos hace 200,000 años. Las primeras formas de escritura, las flechas, la invención de la rueda y la imprenta, e instrumentos como los anteojos o las plumas, no son otra cosa que herramientas creadas mediante nuestra capacidad cerebral para resolver problemas. Conforme estos objetos fueron ocupando un lugar indispensable en nuestras vidas cotidianas, se convirtieron en una extensión de nuestros propios cuerpos.Lo anterior se debe a que, la mayoría de las veces, ni siquiera nos percatamos de su uso o existencia.

Las BCI’s se encuentran en una fase temprana de desarrollo. Aquellas personas que han utilizado estos mecanismos han sido capaces de operarlos para realizar algunos sencillos movimientos. En el caso de pacientes cuadripléjicos, los voluntarios han logrado alimentarse utilizando brazos robóticos que pudieron a controlar mediante  sus ondas cerebrales. Otros individuos han aprendido a mover el cursor de una computadora con el pensamiento.

Sin embargo, nuevos avances permitirían la comercialización masiva de las interfaces, convirtiéndolas en herramientas tan comunes e imprescindibles como nuestros actuales smartphones. Tecnologías que le darían a cualquier persona la capacidad de operar mentalmente sistemas de climatización, iluminación, vehículos o el Internet. La interacción entre el cerebro de un individuo y las herramientas informáticas implicaría que todos seríamos capaces de comunicarnos con nuestros semejantes sin hablar, de manera inmediata y a cualquier distancia. Los implantes utilizados por las BCI’s eliminarían la necesidad del lenguaje.

El libro estudia las repercusiones sociales que podrían darse en un mundo caracterizado por el intercambio masivo de información cerebral, el uso de  extremidades robóticas  manejadas con la mente y la inevitable transformación en nuestra esencia humana si las máquinas se convierten en una extensión natural del organismo.Las perspectivas son tan espectaculares como aterradoras; los dispositivospodrían regresarle la movilidad a enfermos que padezcan esclerosis lateral amiotrófica (enfermedad de Lou Gehrig) aprovechando un exosqueleto o permitirles trabajar con una computadora. El resto de las personas incrementaría su rapidez para adquirir conocimientos, o incluso, sería capaz de percibir señales infrarrojas. Adicionalmente, la transferencia inmediata de información cerebral a cualquier distancia tendría significativas aplicaciones en el campo militar. Espías y soldados en territorios enemigos podrían comunicarse con sus ejércitos en modalidades prácticamente telepáticas sin delatar su ubicación. Sin embargo, existirían nuevos riesgos para la vida cotidiana de los ciudadanos que darían lugar a importantes cuestionamientos éticos. La interacción masiva de comunicaciones cerebrales implicaría la posibilidad de complicadas modalidades de invasión a la privacidad, vigilancia masiva, e incluso manipulación del comportamiento. El aumento de nuestras capacidades tecnológicas aumentaría también nuestras limitaciones y vulnerabilidades sociales.

Malcolm Gay construye una interesante narración periodística para describir los inicios de una revolución científica que podría cambiar el futuro de la humanidad. Las entrevistas y los temas en ellas discutidos son interesantes y de fácil entendimiento para los lectores.Explica que los primeros experimentos específicamente vinculados con el desarrollo de las BCI’s comenzaron hace 15 años; desde entonces, al menos tres individuos figuran a nivel internacional dirigiendo algunos de los más importantes centros de investigación en la materia. John Donoghue, neurocientífico de la Brown University; Miguel Nicoleis, otro neurocientífico de la Duke University y Andrew Schwartz, neurobiólogo de la University of Pittsburg, por mencionar algunos. El autor indica que estos hombres compiten para ser los primeros en perfeccionar las citadas interfaces, al igual que el resto de sus contrapartes alrededor del mundo. Una situación caracterizada por la búsqueda del reconocimiento profesional que implicaría un Premio Nobel; pero también por una atmósfera extraña y contradictoria en la que, además del ego, existen confrontaciones personales, temor al fracaso y sentido del deber.

Las actividades que llevan a cabo todas estas importantes instituciones tienen una naturaleza paradójica. Por una parte, el sentido empresarial de esta comunidad la obliga a buscar el interés de clientes potenciales para conseguir financiamiento público o privado otorgado por agencias como la Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA) del Departament of Defense, recurrir a fondos de inversión en los mercados de capital o encontrando inversionistas potenciales. Dicha situación convierte cualquier patente en un valioso secreto industrial. Sin embargo, también influye el carácter humano de un espíritu altruista reflejado en las historias personales de pacientes o veteranos de guerra que son una motivación definitoria para el trabajo de todos estos médicos y científicos.

Los desafíos son aún extremadamente complejos. Un cerebro tiene 100,000 millones de neuronas; los implantes quirúrgicos más avanzados actualmente únicamente son capaces de estudiar centenas. El sistema inmunológico también produce una reacción de rechazo a los electrodos que se presenta semanas o algunos meses después, impidiendo que una gran cantidad de estos continúe funcionando. De igual modo, la dinámica cerebral es tan acelerada que las conexiones en las interfaces deben recalibrarse diariamente para seguir respondiendo. De cualquier forma, estamos presenciando la construcción del futuro.


¿Qué comentarios hay sobre este libro?

Jennifer Latson, The Boston Globe:

“Ambicioso y bien documentado, The Brain Electric explica el sorprendente potencial de esta disciplina para mejorar la calidad de vida en pacientes incapacitados, e incluso, posibilitar el desarrollo de nuevas capacidades humanas a futuro.”

Booklist:

The Brain Electric narra de manera convincente cómo las investigaciones biomédicas y los avances en prótesis biónicas controladas mediante impulsos neuronales están haciendo realidad algo que en algún momento era considerado ciencia ficción”.

Publishers Weekly:

“Gay estudia las actividades que en el campo de las ciencias neuronales desarrollan talentosos y competentes científicos con mentalidad empresarial; sus investigaciones podrían cambiar el futuro de la humanidad. El autor es cauto al mencionar las prótesis biónicas, pero aporta información confiable para explicar por qué, tarde o  temprano, estás serán algo cotidiano”.

Library Journal:

“Para muchos, la idea de controlar máquinas con la mente humana sólo existe en la ciencia ficción. Sin embargo, revolucionarios avances en medicina y tecnología han cambiado por completo todo esto. Nuevas tecnologías permitirían curar diversas enfermedades o fabricar nuevos tipos de armas. En su primer libro, Gay describe las investigaciones realizadas con implantes neuronales, innovación técnica y monitoreo cerebral para la manipulación de computadoras y extremidades artificiales con el pensamiento. El libro tiene una gran cantidad de datos obtenidos en semanarios especializados y entrevistas con importantes expertos; lo necesario para quienes se interesen en temas científicos o aquellos que tan solo busquen un poco de motivación”.


Pero, ¿quién es Malcolm Gay?

Malcolm Gay estudió la carrera de filosofía y arte en el Colorado College. Posteriormente, obtuvo la maestría en periodismo en la Graduate School of Journalism de la University of California, Berkeley. En 2013 fue becario de la Alicia Patterson Foundation. Es columnista para la sección de arte de The Boston Globe. Asimismo, ha publicado diversos artículos y ensayos para The New York Times, The Atlantic, Time y TheRiverfront Times,entre otros.

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Malcolm Gay


Durante su carrera le han sido otorgados numerosos premios y reconocimientos por organizaciones como la James Beard Foundation, the Association of Alternative Newsweeklies y la National Association of Black Journalists. “The Brain Electric” es su primer libro.

Para conocer la implantación de los electrodos cerebrales, el funcionamiento de las BCI’s y el trabajo que realizan los investigadores de la Universidad de Pittsburgh encabezados por el profesor Andrew B. Schwartz en una paciente cuadripléjica que logró controlar una mano robótica para alimentarse (9’ 14’’), puede seguirse este enlace:


https://www.youtube.com/watch?v=76lIQtE8oDY

 

El profesor John Donoghue explica el funcionamiento del sistema BrainGate, una BCI desarrollada por el equipo a su mando en el Brown Institute for Brain Science, que permite a  un paciente operar el monitor de una computadora y controlar una mano robotizada (3’ 42’’):


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