No. 62. Junio 2016. Los demócratas hacen historia eligiendo a Hillary Clinton, su primera candidata.

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No. 62 / JUNIO 2016

Los demócratas hacen historia eligiendo a Hillary Clinton, su primera candidata

Tras largos meses de una dura e inesperada contienda al interior del Partido Demócrata, el proceso de elecciones primarias de candidatos para los comicios presidenciales de los Estados Unidos ha arrojado, por fin, resultados definitivos; dándole la nominación a la exsecretaria de Estado, Hillary Clinton. La noche del 7 de junio, Clinton reclamó la nominación presidencial en un discurso triunfal y llamó a la unidad de los demócratas para vencer a Trump, tras alcanzar el número de delegados requeridos y derrotar a Bernie Sanders en la jornada de votaciones primarias en California, uno de los estados más importantes por su número de electores. Para muchos, esa misma noche dio inicio la campaña por la elección general, incluyendo al Presidente Barack Obama, quien dio su apoyo público a Clinton como virtual candidata del partido.

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Sin embargo, el proceso no está formalmente concluido, ya que hace falta que los delegados ratifiquen esta nominación en la Convención Demócrata, la cual se llevará a cabo del 25 al 28 de julio en la ciudad de Filadelfia. Por ello, el Senador por Vermont, Bernie Sanders, llamó a sus seguidores a continuar su campaña hasta el final y a no claudicar. Analistas coinciden en que es una oportunidad desaprovechada de tender puentes para conseguir la unidad del Partido Demócrata hacia la elección general; como lo hizo la propia Clinton en 2008, al reconocer su derrota y ofrecer su apoyo al candidato favorecido por las primarias, Barack Obama.

En el panorama de la retórica populista y en contra de las élites que ha caracterizado la presente elección, Clinton salió victoriosa a pesar de ser considerada parte del establishment. Igualmente, logró sobrellevar ataques derivados de la reputación de su esposo, caídas de popularidad, críticas contra su postura en materia comercial y matrimonio igualitario y, de forma relevante, el escrutinio sobre el uso indebido de un correo electrónico personal durante su gestión como Secretaria de Estado. La virtual nominada del Partido Demócrata sigue bajo investigación del FBI por este caso, con el fin de valorar si realizó un uso indebido de información clasificada.

El perfil de Hillary Clinton se enfrentará contra el del magnate Donald Trump en una elección llena de contrastes pues, mientras ella tiene una larga trayectoria política, el virtual candidato republicano representa para muchos el “cambio” con la forma de una propuesta externa al establishment. Resulta interesante también que ambos candidatos tienen altos niveles de desaprobación por parte de segmentos importantes del electorado.

No obstante, Hillary Clinton ya ha hecho historia, pues logró posicionarse como la primera mujer que encabezará la boleta por uno de los dos grandes partidos de los Estados Unidos. Con esta virtual nominación, Clinton rompió el llamado techo de cristal de la política estadounidense, en un ambiente que tradicionalmente ha privilegiado cualidades masculinas. La derrota de 2008 le sirvió de experiencia, y logró ganarse la confianza de muchos líderes demócratas que en su momento apoyaron a Barack Obama. Su estrategia se basó más en construir coaliciones y alianzas, que en actuar como una líder carismática. Ahora, el caso de Hillary Clinton puede ser emblemático para aumentar en un efecto cascada la participación política de las mujeres, en un país en el que 80% del Congreso y 88% de los Gobernadores son varones. Independiente de los resultados de la contienda de noviembre, esta experimentada líder política será recordada por este histórico hito.

Donald Trump: la campaña después de la nominación

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Donald Trump no ha sido un candidato republicano convencional. Por ejemplo, ha arremetido contra los últimos tres candidatos presidenciales de su partido: Mitt Romney, John McCain y George W. Bush. Y los tres más recientes abanderados republicanos, especialmente Romney, lo han atacado. Toda la excentricidad de su campaña hizo parecer por un tiempo como si el Partido Republicano no fuera a alinearse detrás de Trump. Sin embargo, casi un mes después de haber vencido a los otros candidatos punteros de su partido, Ted Cruz y a John Kasich, los votantes y gran parte del establishment republicano han hecho público su apoyo al magnate; algunos por convicción y otros por resignación.  

En las últimas semanas, diversas figuras de suma importancia para el partido republicano han declarado su apoyo a la candidatura de Trump. Paul Ryan, Presidente de la Cámara de Representantes; Mike Huckabee, ex gobernador de Arkansas; Rick Perry ex gobernador de Texas, y hasta el mismo Senador por Florida, Marco Rubio han mostrado su apoyo de forma pública al candidato. No obstante, la opinión sobre Trump dentro del partido sigue estando dividida. Después de los ataques de Trump hacia el juez de origen mexicano Gonzalo Curiel, quien ahora lleva el caso de Trump University, acusada de fraude, la opinión se dividió aún más.

Por otro lado, el senador de Illinois, Mark Kirk, fue el primer republicano en retirar su apoyo a la candidatura de Trump. A través de un comunicado, aseguró que Trump no tiene el temperamento necesario para ser presidente. Paul Ryan, a pesar de apoyar públicamente a Trump, y después de los ataques que este dirigiera contra el Juez Curiel aseguró que justificar que una persona no puede hacer bien su trabajo por su raza es la fórmula básica de un comentario racista. Poco a poco, diversos miembros del partido se sumaron al descontento que produjeron sus declaraciones. Sin embargo, el partido en general se ha mantenido alineado pues se percibe en la figura de Trump una oportunidad de regresar a la Casa Blanca.

Hasta el momento, la campaña de Trump se ha ido forjando a lo largo del camino y estas líneas de acción polarizadas le funcionaron a la perfección para asegurar la nominación. No obstante, es poco probable que su campaña logre posicionarlo en la Casa Blanca si no genera una estrategia clara de recaudación de fondos. Por ello, el Partido Republicano se ha dado a la tarea de construirle una campaña nacional sólida y esto ha intensificado la carga del Comité Nacional Republicano, el organismo que ha absorbido las tareas básicas de campaña y que ahora debe probar si cuenta con la capacidad de trabajo de campo que falló en el 2012.

Desde su triunfo en la elección primaria en Indiana, Trump aseguró que se enfocaría en ir tras Hillary Clinton. Ahora que Clinton ha logrado la candidatura demócrata, se espera que sus ataques hacia ella sean más duros. Trump ha cambiado las reglas. No pasa un día sin que describa a Clinton con frases sin precedentes en la política moderna estadounidense. Según Trump, Clinton es una facilitadora de su esposo y ha tachado a los Clinton de haber llegado al poder en la década de 1990 a través de sobornos y asesinatos.

No obstante, el principal problema de Trump frente a Clinton no es la diferencia de ideología o de propuestas; es el Colegio Electoral. En las elecciones que han ocurrido entre 1992 y 2012, tradicionalmente dieciocho estados y el Distrito de Columbia han votado por candidatos presidenciales demócratas; dichos estados representan 242 votos electorales. Por otra parte, sólo trece estados han votado por candidatos presidenciales Republicanos; lo que les ha otorgado 102 votos electorales. El Colegio Electoral tiene 538 electores y para ganar la presidencia es necesario juntar 270 votos electorales. En términos prácticos, esto significa que Clinton tiene que ganar en esos 19 estados y en Florida para asegurar la elección.

Dado lo anterior, resulta fácil –y, para muchos republicanos, útil– culpar a Trump de los posibles resultados en el Colegio Electoral, pues es el candidato que tiene los números menos favorables entre grupos clave como latinos y personas de color. La historia reciente reafirma lo anterior: Barack Obama ganó 365 votos electorales en 2008 y 332 en 2012, gracias a la participación de las minorías a favor del Partido Demócrata. En el caso de Trump, sus altos índices de desaprobación entre los hispanos y su postura de línea dura sobre la inmigración ilegal, podrían potenciar este gran problema demográfico para los republicanos, en perjuicio de la batalla electoral que se avecina.


Por muy poco, Perú dice “no” al fujimorismo

En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales más reñidas en los últimos 25 años de la historia de Perú, que se llevaron a cabo el domingo 5 de junio, el candidato de centro-derecha Pedro Pablo Kuczynski resultó victorioso sobre Keiko Fujimori, controvertida candidata populista de derecha e hija del expresidente Alberto Fujimori.

Con una distancia tan cerrada, inferior a 0.3% en el conteo preliminar, el candidato Kuczynski decidió no reclamar el triunfo hasta que el conteo oficial finalizara. Su contraparte, Fujimori, apareció ante medios brevemente para comentar que esperarían los resultados con prudencia.

Tras el conteo final de las actas, Pedro Pablo Kuczynski resultó vencedor con 50.11% contra 49.88% de Keiko Fujimori; es decir, la diferencia mínima entre los competidores fue de 0.23% y 39,934 votos. El 9 de junio, Kuczynski se declaró ganador de la contienda, y llamó a trabajar por el futuro del país.

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Resulta interesante señalar que la incertidumbre política no desestabilizó a los mercados financieros, pues ambos candidatos prometieron que mantendrán el mismo modelo económico de libre mercado que ha servido para potenciar el crecimiento del país en años recientes.


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