No. 68. septiembre 2016. El enemigo en casa: Donald Trump en México

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 No. 68 / SEPTIEMBRE 2016

El enemigo en casa: Donald Trump en México

El pasado 30 de agosto, los mexicanos se enteraron por medio de un tuit del propio candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump, que éste visitaría al país con la invitación del Presidente Enrique Peña Nieto. El gobierno mexicano no había dicho nada, ni dado a entender que en algún futuro existiría esa posibilidad. No fue sino hasta minutos después del anuncio que presidencia confirmaba la reunión con otro tuit.

Desde que Donald Trump anunció su postulación como candidato a la nominación republicana en la carrera presidencial estadounidense, México y los mexicanos han sido referencia recurrente en la construcción de su discurso xenófobo y nativista. Trump ha asegurado que construirá un muro pagado por México en la frontera entre ambos países, ha sugerido bloquear las remesas y ha planteado que forzará una renegociación del TLCAN, entre muchos otros insultos y amenazas.

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La Canciller, Claudia Ruiz Massieu, estaba en Milwaukee, Wisconsin, en la apertura de un nuevo consulado, cuando la prensa la enteró de la noticia. Ni la propia Secretaria de Relaciones Exteriores estaba al tanto de que su gobierno iba a recibir, en Los Pinos, al candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos. Mucho se ha discutido sobre quién fue el artífice detrás de dicha invitación, la cual extendieron a ambos candidatos. No obstante, Hillary Clinton ya rechazó formalmente la posibilidad de una visita a México.

La mañana, horas antes de que llegara Trump, se confirmó lo especulado: el gobierno había enviado invitaciones a los dos candidatos, pero jamás pensó que Trump fuera a aparecerse en México. Quedaba claro, pues, que la reunión con Trump no tenía ningún beneficio para el país: fue una “cortesía” diplomática que se le salió espectacularmente de control a presidencia. La conferencia de prensa conjunta fue dolorosísima: sin protocolo alguno y un candidato presidencial aplastando a un mandatario en su propia casa.

La política exterior, contraria a toda la línea que Cancillería había intentado sostener, fue manejada de forma improvisada: cuando, hace meses, se supo que Trump estaba en la contienda presidencial, Peña Nieto lo había comparado con Hitler y Mussolini. Después, alguien le recordó de la existencia de la Doctrina Estrada y cambió a decidir que México no se inmiscuiría en la política interna de otro país. El costo de este giro de 180° fue altísimo: Trump subió brutalmente en las encuestas a los pocos días de su visita a México y la popularidad del Presidente Peña cayó de forma igualmente estrepitosa.

Lo que siguió esa semana fue aún más atroz que la visita, pero completamente predecible. El Presidente Peña Nieto buscó justificar la visita a Trump con la apertura al diálogo y con el pretexto de hacerle cambiar de opinión, pero no ocurrió. El discurso del candidato se volvió aún más xenófobo e intolerante con respecto al tema migratorio; sólo con una ligera diferencia: su imagen es ahora la de un hombre presidenciable, no un loco con un foro a su disposición. El gobierno federal le dio credibilidad a un candidato prácticamente derrotado.

La política exterior requiere, entre otras cosas, prudencia. Esa era la única razón por la que los presidentes mexicanos a lo largo de la historia no solían reunirse personalmente con candidatos presidenciales en Estados Unidos: no es necesario y el riesgo es elevado. La relación México-Estados Unidos tiene un alto nivel de institucionalización y los contactos del gobierno al interior de ambos partidos suelen ser suficientes para siempre tener canales de comunicación abiertos. El partido demócrata, que está en el poder no está contento con la decisión de México y, su candidata, quien iba de cabeza y sigue siendo la favorita para ganar, tampoco. Una cosa es casi segura: los siguientes dos años estarán marcados por tensión en la relación bilateral, gane quien gane.


¿Qué pasó en el G20?

Ante un mundo cambiante, los organismos multilaterales se han vuelto cada vez más relevantes para la diplomacia moderna, pues ofrecen un espacio de diálogo y colaboración para temas comunes, como lo pueden ser el comercio, la economía y el medio ambiente.

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Este es el caso del Grupo de los 20, mejor conocido como G20, un foro internacional que congrega a los Jefes de Estado y líderes de bancos centrales de las principales veinte economías del mundo: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia (a quienes se conoce como G8); en conjunto con la Unión Europea y once países emergentes, que incluyen a Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica y Turquía.

El 4 y 5 de septiembre, el G20 se reunió en Hangzhou, China, para celebrar su onceava Cumbre, a la que asistieron los principales líderes del mundo. Esta fue la primera vez que el evento se realizó en China, y la segunda que ocurre en el continente asiático. Por ello, las apuestas para el gobierno chino eran muy altas desde el inicio: la ciudad de Hangzhou fue reconstruida, modificada e incluso su contaminación fue dispersada para dar la mejor imagen ante la comunidad internacional.

Para el gigante asiático, eventos como la Cumbre G20 son una ocasión para transitar de un rol tradicional como observador, a un jugador central en las decisiones de gobernanza global. En un escenario internacional conmocionado por el fantasma de la inestabilidad económica, la crisis de migración, una turbulenta elección en Estados Unidos y la decadencia del sueño de integración europeísta, la narrativa del Momento de Oriente cobra relevancia, pues las problemáticas occidentales contrastan con el crecimiento económico y la innovación de los países asiáticos. 

Sin embargo, a pesar de que el evento fue vistoso, con un atractivo show artístico inaugural; tuvo también importantes carencias en contenidos políticos y acuerdos alcanzados. Aunque el presidente chino Xi Jinping presentó una perspectiva de colaboración y liderazgo en el bloque, algunas problemáticas bilaterales entre países miembros del G20 robaron la escena. Por ejemplo, el Presidente Obama incitó a China a acatar el fallo en el caso de la disputa por el Mar del Sur de China, que fue recientemente resuelta por un tribunal internacional a favor de Filipinas y que tiene potencial para convertirse en un conflicto multipolar. 

Por su parte, el ministro de Brexit británico, David Davis, afirmó que era poco probable que el Reino Unido se mantuviera en el mercado único de la Unión Europea tras la separación. Otros temas que eclipsaron el brillo del país anfitrión incluyeron la ciberseguridad y el control de medios de comunicación. 

Pero el G20 tuvo también algunos resultados muy valiosos, como la adhesión formal de Estados Unidos y China al Acuerdo de París contra el cambio climático, a través del que se comprometen a reducir sus emisiones de dióxido de carbono. En el comunicado conjunto que resultó de la Cumbre, las potencias de las veinte economías más grandes se comprometieron a impulsar el crecimiento global, incentivar la innovación y fortalecer el sistema financiero global; aspirando a que el G20 se convierta en el foro principal para la cooperación económica a nivel multilateral.

No obstante, no se llegó a acuerdos de acciones concretas y medibles, salvo por algunos compromisos vagos como el combate a la evasión fiscal, corrupción, promoción del libre comercio e implementación de los objetivos de desarrollo sostenible.

El G20 es un foro que ha encontrado su vocación en temáticas de gobernanza económica, dejando en la discusión tras bambalinas temas multilaterales relevantes. Los alcances de su Onceava Cumbre, aunque limitados, van abriendo el camino de China para perfilarse como un líder global y para inyectar sus propuestas a la dinámica del modelo económico mundial.


Lecturas sugeridas

  • “QS World University Rankings”, índice de las mejores universidades, disponible en

http://www.topuniversities.com/subject-rankings/2016 

  • “FMI: Un futuro incierto para América Latina”, un artículo de Alejandro Werner para el Foro Económico Mundial, disponible en

https://www.weforum.org/es/agenda/2016/07/fmi-un-futuro-incierto-para-america-latina?utm_content=buffere9eb3&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer 

  • “La tendencia económica está de nuestro lado”, un artículo de J. Bradford para Project Syndicate, disponible en

https://www.project-syndicate.org/commentary/economic-growth-long-term-trends-by-j2bradford-delong-2016-08/spanish

  • “Reporte anual 2015 – 2016” del Foro Económico Mundial, disponible en

https://www.weforum.org/reports/annual-report-2015-2016

  • “Hacia el final de la administración de Obama, su imagen internacional permanece fuerte”, reporte del PewResearch Center, disponible en

http://www.pewglobal.org/2016/06/29/2-obamas-international-image-remains-strong-in-europe-and-asia/#clinton-finds-support-in-europe

  • “¿Por qué Peña Nieto no pudo encarar a Trump?”, artículo de Guillermo Trejo para El País, disponible en

http://internacional.elpais.com/internacional/2016/09/07/mexico/1473257921_087289.html?id_externo_rsoc=TW_CC 


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