Un líder social debe reflexionar también sobre el pensamiento de los escépticos…

El acto de leer

¿Qué pasó con la confianza en el futuro? de Marc Augé (Siglo XXI Editores, Argentina, 2015). En nuestra cultura hispanoamericana tendemos a repetir, sin saber a ciencia cierta el origen de la frase, las palabras de Jorge Manrique (1440-1479), el poeta español que consideró que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, en sus Coplas sobre la muerte de su padre, el caballero hispano don Rodrigo Manrique. A pesar de ello, usualmente nos sobreponemos y decimos que el tiempo por venir siempre trae la ilusión de mejores tiempos. Sin embargo al leer a Marc Augé puede concluirse con él  que eso no va más… "Un presente inmóvil se abatió sobre el mundo, desmantelando el horizonte de la historia tanto como las características generacionales", ha dicho el antropólogo. Augé examina diversos aspectos de la globalización y da su interpretación sobre las crisis que se ciernen sobre Occidente.

Sin embargo, la editorial se expresa así de la obra de su autor y resalta el lado “utópico” de sus reflexiones:

Dicen los promotores del fin de la historia, tan anunciada en los años noventa del siglo XX, que la humanidad ya no tiene nada que esperar porque ha encontrado su forma más acabada, más perfecta. La democracia y la economía liberal se han convertido en el punto de llegada insuperable. Decidido a mostrar los límites de esta ideología edulcorada del presente, Marc Augé vuelve la mirada sobre nuestra actualidad para repensarla fuera del “corset” de la supuesta igualdad globalizadora.

Así, discute en qué medida el arte, la literatura, los medios e Internet pueden contribuir al pensamiento crítico y en que no cesan de ensancharse: la brecha entre los más ricos de los   ricos y los más pobres de los pobres, entre la suma de conocimientos acumulados en los laboratorios científicos mejor equipados del planeta y el estado de ignorancia en el que es mantenida la mayoría de la población mundial.

Augé propone revertir esta tendencia y hacer de la educación nuestra utopía última, tan necesaria para la ciencia como para la sociedad. Con audacia y convicción, insta a la antropología a plantear las preguntas de las que depende el porvenir del hombre, entre ellas, cómo construir un proyecto con fuerza movilizadora que escape a la tiranía del presente y a cualquier otra tiranía.


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¿Qué temas trata?

La obra trata de las culturas de la inmanencia; el cambio de escala: cuestión y cuadro de la situación; globlalización, urbanización, comunicación, instantaneidad; contemporaneidad y conciencia histórica; alienación, modernidad, democracia, progreso; el pasado, la memoria, el exilio; el porvenir y la utopía; el mundo de mañana, el individuo, la ciencia, la educación; y una conclusión: una utopía de la educación. Para ver las primeras páginas del libro hay que enlazar

http://www.sigloxxieditores.com.ar/pdfs/auge-que-paso-con-la-confianza-en-el-futuro.pdf  

El periódico La Nación de Buenos Aires publicó una amplia entrevista (Luisa Corradini, 22.V.2015) a Augé, en la que se afirmaba que el autor “analiza con precisión las múltiples dimensiones de la globalización, sobre todo, sus aspectos políticos, científicos y simbólicos. En 95 páginas explica las causas de la crisis que aqueja a las sociedades occidentales, estudia el fenómeno de la temporalidad y propone una solución.”

Los conceptos del autor

Habría que recordar, antes de seguir comentando esta obra, que Augé, un infatigable trotamundos de 80 años, acuñó el concepto del “no lugar” desde 1993, lo que lo llevó al plano de la discusión académica del mayor nivel. Si bien, sobre ello hay quien plantea deficiencias epistemológicas, el “no lugar” se puede identificar fácilmente. Se trata de sitios transitorios sin importancia antropológica para  considerarlos “lugares”, como los hoteles, las carreteras, los aeropuertos, los mercados, definidos más por el paso de los individuos, sin aportar identidad y donde la comunicación es un tanto artificial [si se tiene interés en este concepto véase Los no lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad (1992) o El viajero subterráneo. Un etnólogo en el metro (1986)]. En realidad, este concepto está comprendido en otros supuestos de Augé: la "sobremodernidad", una situación social donde prima: el tiempo, la velocidad, los movimientos y el consumo, donde, por supuesto, están esos lugares del anonimato que son los “no lugares”, la atemporalidad y la virtualidad.

Estas consideraciones previas nos permiten hacer un breve recorrido sobre las ideas de este autor.  El rechazo a la “sobremodernidad” se relaciona con el hecho de que la cantidad de hechos registrados no pueden ser interpretados por los historiadores. Además la posibilidad de los rápidos desplazamienos y la participación en cada rincón de información e imágenes de todo el planeta, tiende a que el individuo haga su propia interpretación sin apoyarse, como antaño, en el grupo.

Por ello, en  ¿Qué pasó con la confianza en el futuro? Augé afirma que la historia contemporánea ya no tiene posibilidad de proponer soluciones para el futuro  y que nuestra era resulta cada vez más “incierta”: “la Historia tenía un sentido (un significado, una dirección) que se construía generalmente por acumulación y no por eliminación”, dice Augé. “Los nuevos espacios sobre todo han dejado de ser espacios de cohabitación. Hoy esos espacios permiten desplazamientos rápidos, transmisión de imágenes y de información (televisión, Internet, ciberespacio) o consumo: los supermercados constituyen, por ejemplo, ‘concentraciones de espacio’, donde quienes coexisten son los distintos productos del planeta. En todos esos sitios –que yo llamé ‘no-lugares–’ es ya imposible hallar el espesor de la modernidad, los tiempos acumulados. (…) No se puede decir que no hayamos progresado, en numerosos terrenos, en el conocimiento del hombre como criatura inteligente y social.” Pero el futuro se ha desvanecido, “porque la evolución actual nos obliga a afrontar una complejidad cada vez mayor. En ese marco, el porvenir es sin duda menos previsible que antes. Sin embargo, los hombres de antaño eran capaces de imaginar su futuro al precio del error: (…) el error moral, por exceso de optimismo, y el error intelectual, por incapacidad de concebir la complejidad (…)

“En realidad _prosigue el autor_, en las ciencias humanas, como en las ciencias naturales, el conocimiento progresa. Pero ese mismo progreso descubre la inmensidad de lo que aún queda por conocer (…), en la actualidad, estamos aprendiendo a cambiar el mundo antes de imaginarlo.  (…) La democracia y la afirmación individual recorren caminos inéditos tan vertiginosos que nuestras sociedades a veces ni siquiera tienen tiempo de percibirlos. La catástrofe sería que comprendieran demasiado tarde que, si lo real se ha transformado en ficción, ya no hay más espacio posible para la ficción ni para la imaginación. La buena noticia es que de esto precisamente podría nacer la fe en el porvenir. Pero, para conseguirlo, debemos apropiarnos primero de nuestro futuro (…) asumir plenamente el desafío del conocimiento. Creo que allí reside el secreto de la felicidad de los hombres y de la sociedad. Para llegar a ese estado existen dos prioridades absolutas: potenciar de inmediato la instrucción pública y esforzarse en alcanzar la absoluta igualdad de sexos.” (…) Sé bien que la dirección actual que toman los diferentes sistemas educativos no va en el sentido de reducir las desigualdades. Por el momento nos dirigimos hacia una sociedad de clases planetaria, dividida entre aquellos que tendrán acceso al saber y al poder, aquellos que sólo serán consumidores y aquellos que estarán excluidos tanto del saber como del poder.

“Habría que ser ciego –dice Augé– para no constatar el avance de la ignorancia desde el comienzo del siglo XXI. La ignorancia progresa o, más exactamente, la brecha entre los saberes especializados de aquellos que saben y la cultura media de aquellos que no saben no deja de aumentar. La verdad es que, mientras más progresa la ciencia, menos se la comparte. Esa brecha entre países desarrollados y subdesarrollados se acrecienta en todos los sectores del saber y del conocimiento. La mayor parte del mundo es incapaz de comprender nada de lo que está en juego en la investigación científica. (…) En una entrevista publicada en el Magazine Littéraire (enero de 2004), George Steiner afirmaba que el presupuesto anual de Harvard supera la suma de los presupuestos de las universidades de Europa occidental –ejemplifica–. Pero incluso en Europa, cuna de los derechos humanos, y con algunas notables excepciones, parece ratificarse más o menos la distinción entre barrios ‘normales’ y barrios ‘difíciles’, entre elites y clases desfavorecidas. En nuestros países, el sistema escolar ya no es creador de igualdad, sino reproductor de desigualdades. (…) Alimentado por la violencia, la injusticia o las situaciones de desigualdad, el repliegue sobre formas religiosas más o menos burdas y más o menos intolerantes se ha transformado en pensamiento para una parte considerable de la humanidad.

“La utopía última es la educación. Y si la llamo ‘utopía’ es porque la idea de un acceso auténticamente igual de todos a la educación no se corresponde con el estado del mundo ni con sus posibilidades inmediatas de evolución. (…) La paradoja actual parece ser que la globalización del mundo tiene que producirse en ese estado de desigualdad extrema. Los más oprimidos tienen conciencia de pertenecer al mismo mundo que los más opulentos y los más poderosos, y viceversa. En el fondo, los hombres nunca estuvieron en mejor situación para pensarse como humanidad. Nunca, sin duda, la idea de hombre genérico estuvo más presente en las conciencias individuales. (…) ¿Acaso la utopía de un mundo sin dioses, sin miedos y sin injusticias, de un mundo lo bastante fuerte para asegurar el bienestar de todos y no consagrarse a otra cosa que a la aventura de la ciencia, posee todavía alguna fuerza movilizadora?

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Curiosamente, a causa de la falta de sincronía en las traducciones y la edición de las obras, su libro más reciente llamado Futuro,  fue publicado en español con anterioridad. Esa obra la comentaremos en otra ocasión próxima.

Una entrevista callejera a Marc Augé. A propósito de la educación:"No caminamos hacia una democracia"(7’06’’)



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